#NoEsPaísParaDelfines
Por el Fin del Cautiverio de Delfines y Cetáceos
A los 12 años decidí que no podía permanecer en silencio ante una injusticia que ocurre lejos de nuestra vista cotidiana, pero muy cerca de nuestra responsabilidad: el cautiverio de delfines y otros cetáceos.
Cuando tenía unos cinco años, mi colegio nos llevó al zoo. Vi a mi animal favorito por primera vez: un delfín. Saltaba, jugaba con una pelota, giraba en el aire. Todo el mundo a mi alrededor sonreía.
Pero en el autobús de vuelta, algo no encajaba. Recuerdo estar sentada con una sensación extraña en el pecho, con la cabeza llena de preguntas que aún no sabía cómo expresar. No me sentía bien. Algo dentro de mí me inquietaba.
Cuando llegué a casa, le hice a mis padres una pregunta muy sencilla:
“¿Los delfines vuelven a casa como yo? ¿Con su familia?”
Fue en ese momento cuando me explicaron la realidad del cautiverio.
Nunca lo olvidaré.
Todo empezó en Barcelona
Tras la muerte de varios delfines en el Zoo de Barcelona año tras año, y finalmente la Muerte de la matriarca del grupo, entendí que ya no podía quedarme de brazos cruzados.
En 2020 lancé mi primera campaña en Change.org, pidiendo al Ayuntamiento de Barcelona y al Zoo el traslado de los tres delfines que quedaban, a un santuario marino. En solo unos meses, más de 56.000 personas alzaron su voz junto a la mía.
Pero los delfines no fueron enviados a un santuario.
Fueron trasladados a otro zoo, en Atenas, donde todavía hoy son utilizados en espectáculos.
Esa decisión me provocó una profunda decepción.
Pero también despertó algo más fuerte: determinación para seguir adelante.
España es la mayor prisión de delfines y cetáceos de la Unión Europea
A medida que empecé a analizar datos oficiales y registros internacionales, descubrí algo profundamente inquietante: España es el país con más delfines y cetáceos en cautiverio de toda la Unión Europea y ocupa el sexto lugar en el mundo en número de individuos confinados.
Esa realidad no podía ignorarse.
Lancé mi campaña actual, #NoEsPaisParaDelfines, pidiendo al Gobierno de España la aprobación de una ley para el cierre programado de delfinarios y acuarios.
Hoy, la campaña ha reunido más de 160.000 firmas. Y cada una de ellas es una voz que dice: podemos, y debemos, hacerlo mejor.
Desde el punto de vista científico y ético, no existe ninguna justificación para mantener a delfines y otros cetáceos en cautiverio. Décadas de investigación lo demuestran: el confinamiento provoca estrés crónico, comportamientos anómalos, deterioro físico, debilitamiento del sistema inmunológico y una reducción de la esperanza de vida en animales altamente inteligentes, socialmente complejos y diseñados para recorrer grandes distancias en libertad.
El cautiverio no es conservación. Es explotación.
Mi campaña es activismo ciudadano basado en el rigor científico y respaldado por biólogos marinos, veterinarios, etólogos y organizaciones de conservación. La evidencia es clara: el cautiverio es incompatible con el bienestar de los cetáceos y con una sociedad que dice respetar la naturaleza.
Del activismo ciudadano a las instituciones
Mi lucha nunca se ha quedado solo en redes sociales.
He enviado cientos de correos electrónicos y realizado numerosas llamadas a diputados y senadores.
He viajado a Madrid en varias ocasiones para reunirme en persona con representantes políticos.
Con el apoyo de senadores y de la entonces vicepresidenta del Senado, Cristina Narbona, registramos formalmente una iniciativa para debatir el cierre programado de los delfinarios.
Aunque la propuesta no salió adelante, conseguimos llevar el tema del cautiverio al ámbito institucional.
+154.000 firmas entregadas
Congreso de los Diputados de España
Entregué más de 154.000 firmas en el Congreso de los Diputados, acompañada por científicos, ONGs y expertos que respaldan firmemente esta causa.
También he llevado el problema del cautiverio de cetáceos al Parlamento Europeo en Bruselas.