La educación es el primer paso hacia la acción
Inspirar a los jóvenes.
Inspirar a los jóvenes no es solo una actividad para mí. Es parte de mi misión de vida.
Si queremos proteger este planeta azul, tenemos que empezar donde empieza todo: en la infancia.
La educación no es solo aprender datos. Es despertar la conciencia.
Y cuando esa conciencia se siembra desde pequeños, echa raíces que duran toda la vida.
Si la conciencia medioambiental forma parte de la vida de un niño desde los dos años, deja de ser una asignatura y se convierte en instinto. Se convierte en identidad.
Esa es una de las formas más poderosas de empoderar a una generación. Dentro de mis posibilidades, una de las cosas que más valoro es visitar colegios, institutos y universidades para mostrar a los estudiantes que ninguna idea es demasiado atrevida ni ningún sueño demasiado grande.
La Jelly Cleaner empezó como un pensamiento sencillo y, aun así, encendió una cadena de conciencia. Así es como empieza el cambio.
La educación es la forma más poderosa de acción climática.